Análisis del impacto del coronavirus Covid-19, realizado por la Comisión de Economía de Consecomercio 

El dilema: salud vs. hambre

Durante las últimas semanas se ha hablado alrededor del mundo sobre los efectos económicos del Covid-19, y de las medidas de salud pública que se han tomado en consecuencia. Pareciera que, desde el punto de vista de la salud pública, las cuarentenas son acertadas, debido a que permiten ralentizar el incremento de los casos de Covid-19, aplanando la denominada curva de contagio. Sin embargo, en estos momentos, los países que se enfrentan a esta pandemia, también presentan otro desafío: la abrupta contracción de sus economías debido -entre otros factores- a la paralización parcial de algunas industrias como la manufacturera y la alimentaria. Esto ha requerido importantes estímulos fiscales y monetarios enfocados en mitigar los efectos de dicha contracción económica sobre los ciudadanos y las empresas.

En el caso específico de Venezuela, la situación pareciera ser aún más cuesta arriba. En una economía que, según cifras oficiales, se contrajo 50% entre 2013 y 2018, y que desde 2017 atraviesa un periodo hiperinflacionario, las autoridades tienen un margen de maniobra mucho más limitado para enfrentar una pandemia como la que estamos viviendo actualmente. Por un lado, los recursos son muy escasos para que se realicen estímulos fiscales. Por otra parte, los estímulos monetarios generarían una profundización del espiral hiperinflacionario que vivimos actualmente.

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Adicionalmente, la informalización que ha vivido nuestra economía durante los últimos años hace que una parte importante de la población se sustente con los ingresos que genere de su trabajo día tras día, lo que los hace especialmente vulnerables a las consecuencias de vivir un periodo de cuarentena.

El dilema de la gasolina

En las últimas semanas también se ha agravado la escasez de combustible en nuestro país, lo que pudiera traducirse eventualmente en una restricción de la oferta de bienes básicos, al verse afectadas las cadenas de producción, distribución y comercio de productos de primera necesidad, como alimentos y fármacos.

De esta manera, se verían afectados los productores, quienes perderían sus productos y cosechas y los consumidores, que se enfrentarían a un incremento importante en los índices de escasez de bienes básicos, y en consecuencia, en sus precios. De esta manera, es fundamental que se garantice el suministro continuo de combustible a los sectores encargados de la producción de alimentos y bienes de primera necesidad para la población.

Dónde poner el ojo

Frente a las circunstancias descritas, en las que el panorama hiperinflacionario parece cobrar vigor, en el que el tipo de cambio se aleja de su relativa estabilidad, y en el que la cadena de valor de la economía corre el riesgo de tener una ruptura que conduzca a circunstancias conocidas por todos los venezolanos en cuanto a las dificultades para acceder a bienes y servicios, se debe tener sumo cuidado en buscar en la figura del comerciante un chivo expiatorio o culpable de las dificultades que atestigua Venezuela y el resto del mundo.

Hoy más que nunca debe reafirmarse la importancia del sector privado para contribuir al crecimiento de la economía venezolana, y para constituirse en un elemento fundamental para coadyuvar con el abastecimiento de la población, especialmente en todo lo que se refiera a la consecución de sus necesidades más apremiantes.

De allí que, desde la Comisión de Economía de Consecomercio, se considere imperativo recalcar la importancia que tiene el gremio del comercio en esta coyuntura. Hoy los comerciantes luchan por mantenerse en pie, por mantener a flote su cadena de valor, los puestos de trabajo de sus empleados y la provisión de sus servicios y objeto social allí donde sea posible.

Más que causantes, los comerciantes también padecen las difíciles circunstancias que nos rodean a cada uno de los venezolanos. De allí que creemos que lejos de ser parte del problema, los comerciantes fungen como un instrumento para paliar la compleja situación que nos aqueja. Frente al dilema existente entre la salud y la supervivencia del día a día, el comerciante privado se erige como un instrumento de cooperación voluntaria para que, a través de la solidaridad y la libre iniciativa, se desarrolle la actividad económica en el país de la forma más constructiva posible.

Ratificamos nuestro compromiso con el país, y nos ponemos a la disposición de todos aquellos que en un marco de apego a la ley y a la institucionalidad, aspire a trabajar por la pronta recuperación de Venezuela.

Fuente: Comisión de Economía de Consecomercio 

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