Es Ingeniero de Computación de la Universidad Simón Bolívar, pero por tradición familiar se dedicó al comercio donde fue la primera mujer en alzarse con la presidencia de la Cámara de Caracas. Allí dejó una estela de decencia y buen hacer. Ve su presente y su futuro en Venezuela. Cree que la educación debe ser la prioridad y ha dirigido buena parte de su actividad actual a impulsarla. En lo personal es un ser humano bellísimo, que donó un riñón a su madre para que pudiera seguir viviendo. Mujer, profesional, emprendedora, madre, esposa, amiga, también es escritora. Quiere dejar testimonio de los sucesos de los últimos veinte años como lección para las próximas generaciones.
-¿A qué crees que debes el éxito que has tenido en un mundo mayoritariamente masculino?
-Hay muchos factores que me han permitido avanzar profesionalmente en ambientes donde tradicionalmente las mujeres son minoría. En primer lugar, el respeto. Respeto a los demás y eso hace que me lo tengan a mí como persona, no solamente como mujer. También me ha ayudado el no tener miedo de fracasar en un mundo que tradicionalmente es de hombres. El saber que todos somos igual de capaces de alcanzar logros independientemente del género, es una herramienta importante. Conocer la realidad de la vida cotidiana me ha permitido poder hablar con propiedad de las cosas. Conocer la realidad de la vida cotidiana, me ha permitido poder hablar con propiedad de las cosas. La cotidianidad del venezolano, de la mujer venezolana, del comerciante.
-¿Y ahora qué viene?
-Saliendo de la presidencia de la cámara me incorporé a Consecomercio, organización que agrupa las cámaras de comercio de Venezuela. Allí pude aprender de la realidad no sólo de Caracas sino de todo el país. Hay cámaras de comercio en todo el territorio y me tocó recorrer muchas de ellas. Las realidades del país son diferentes a las de Caracas. Eso me dio una perspectiva diferente de las cosas.
Sigo siendo asesora permanente tanto de la Cámara de Caracas como de Consecomercio y pienso que la labor gremial es un pilar fundamental de la sociedad en un país donde hay que rescatar la institucionalidad. Actualmente me estoy dedicando a temas relacionados con la educación. Ayudo en varios colegios de Caracas en calidad de asesora porque pienso que es ahí donde podemos hacer una diferencia para el país que queremos y donde podemos cambiar las vidas de muchas personas. Las recompensas de este trabajo son maravillosas. Cada muchacho que se gradúa, cada logro de ellos es una satisfacción. 
Has sido una mujer recia en el plano profesional, pero en el plano familiar una hija dedicada, una hermana maravillosa, una madre excepcional y una amiga fiel. ¿Cómo compaginas ambas formas de ser?
Es una cuestión de prioridades. Yo siempre he pensado que se puede hacer todo siempre buscando cual es la prioridad del momento. Dónde puedo ser más útil en determinado momento, dónde debo estar y dónde puedo delegar. 
 
Creo que hay que ser coherente en todo lo que uno hace. No se puede ser excelente profesional y descuidar los demás aspectos de la vida. Es cuestión de balance y de principios.
-¿Cuál es la impronta que dejaste en la Cámara de Caracas, donde fuiste la primera mujer que se alzó con la presidencia?
-Haber llegado a la presidencia de la Cámara de Caracas fue un hito importantísimo. La primera mujer en 113 años. En la cámara más antigua del país, donde había sólo cuatro mujeres en la junta. Siento que algunos estaban sorprendidos y otros temerosos de tener a una mujer de presidente. Sin embargo, en el transcurso de los dos años que duró mi presidencia pude demostrar respeto a los valores tradicionales a la vez que modernizamos esta institución que es icono en los gremios de todo el país. Agradezco a quienes me dieron la oportunidad y vieron en mí una persona capaz de mantener los valores y principios de la institución y proyectarla hacia el futuro en un momento cuando la institucionalidad estaba en juego.
Tú le donaste a tu madre uno de tus riñones para que pudiera seguir viviendo, uno de los actos de amor más hermosos que he conocido de primera mano. ¿En algún momento tuviste dudas de lo que estabas haciendo?
Nunca. Desde que supe que mi mamá necesitaba un trasplante, siempre supe que era yo la que debía hacerlo. No me arrepiento y si tuviese que volverlo a hacer, lo haría. Le pude dar años de calidad de vida a quien me había dado vida y no solo físicamente, sino quien contribuyó en mayor medida a ser quien soy. Siempre estuvo para mí cuando la necesité, ¿cómo no hacerlo por ella?
 
Cuando se dona un órgano no sólo se ayuda a quien lo recibe, sino a otras personas que están en espera de ese órgano. Es además una lección de vida a otros que pueden ayudar a los demás.
 
Escribes estupendamente bien. ¿Tienes planes de escribir un libro?
Tuve una gran maestra y unos maravillosos compañeros de taller de escritura. 
 
He escrito mucho, cosas cortas, reseñas, historias de viajes, cuentos. Tengo varios escritos que me encantaría publicar. Un cuento de niños que escribí donde una gaviota nos muestra los paisajes de Venezuela a través de su mirada y su encuentro con los pájaros de cada región. También uno de un fabricante de peñeros en Margarita, profesión que está a punto de extinguirse por falta de documentación escrita y de interés de las nuevas generaciones. 
 
Tengo muchas cosas en el tintero para poder escribir. Ideas que transmitir, hechos que narrar. Siempre quise escribir un libro sobre lo que nos tocó vivir en este transitar entre el siglo XX y el XXI. En Venezuela han pasado tantas cosas que creo que vale la pena dejar testimonio de ello para las próximas generaciones. También de los asombrosos cambios que hemos visto en esta transición entre siglos. 
 
Tengo en borrador una novela sobre una familia latino americana, que con lucha y esfuerzo han logrado convertir generaciones subsiguientes en ciudadanos exitosos, pero siempre apegados a sus raíces y principios. En fin, sí. Muchos proyectos para escribir. 
¿Qué significa Venezuela para Diana Mayoral? 
¿Cómo describir lo que es mi esencia misma? Estoy orgullosa de ser venezolana, encantada de haber nacido aquí. De haber crecido aquí. Aquí nacieron mis hijos. Aquí están enterrados algunos de mis antepasados. Aquí quiero seguir viviendo a las faldas del Ávila y aquí quiero terminar mis días. Venezuela es un gran país. Geográficamente privilegiado, con paisajes para cada gusto: playas, llanos, montañas, tepuyes, ríos, lagos, médanos y un larguísimo etcétera. 
 
He tenido el privilegio de recorrer Venezuela y es única. Su gente, las costumbres, las tradiciones y esa simpatía pícara del venezolano que no tiene comparación. 
 
Cierto que hemos tenido momentos difíciles, pero tenemos todo para reconstruir. Tan pronto empecemos tan pronto veremos resultados. Este país lo tiene todo.

Fuente: El Universal

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