Una situación aciaga y sombría es la que le espera a la industria venezolana en 2019 si no hay cambios políticos y económicos. 85% de las empresas creen que podrían cerrar en un periodo no mayor a dos años señaló la encuesta de coyuntura industrial del tercer trimestre de 2018 de la Confederación Nacional de Industriales de Venezuela.

Según lo expresado por el gremio 53% de las empresas del parque industrial venezolano trabajó con menos de 20% de su capacidad operativa, lo que representa que 1.325 empresas de las 2.500 que aún sobreviven están trabajando al mínimo.

El presidente de Conindustria, Juan Pablo Olalquiaga, manifestó su preocupación por la difícil coyuntura que atraviesa la manufactura venezolana, al no ver posibilidad alguna de mejoras económicas ni sociales del país, por la inacción y políticas desacertadas del Ejecutivo nacional.

Recordó que el universo de las empresas actualmente es de 2.500 industrias mientras que cuando el chavismo asumió el poder eran de 12.700 industrias.

Olalquiaga aseveró que entre 600-700 empresas industriales están en situación crítica y podrían cerrar este 2019 , lo que es muy dramático para el país por la cantidad de empleo y la oferta de bienes que esto representa.

El industrial aseveró que lo que está trabajando respecto al gobierno de Rafael Caldera es apenas 5% de la industria venezolana.

“En la medida en que se acaba la industria se acaba el empleo, en Venezuela por cada puesto de trabajo directo hay tres indirectos. Si 75% de empresas dicen que sirven poco el número de venezolanos que van perdiendo sus empleos es gigantesco. Nosotros en Conindustria creemos que se han perdido 1,5 millones de puestos de trabajo a lo largo de los años de la revolución”, manifestó.

Sobre esto Olalquiaga dijo que la en la actualidad 4 de cada 10 empresas de las 2.500 en el país han disminuido la cantidad de empleados lo que implica que 1.000 de estas 2.500 empresas que aún existen han perdido trabajadores.

El estudio que abarcó el período julio-septiembre de 2018, es realizado trimestralmente por el gremio industrial, para recoger la situación del sector manufacturero nacional y proponer políticas y estrategias de acción de la industria venezolana.

La encuesta reveló que 92% de las industrias están en una situación operativa muy difícil y 71% de ellas no tienen capacidad de inversión o de actualizar su parque tecnológico, mucho menos de alcanzar un nivel de productividad razonable para la reposición de inventarios o tener acceso a mercados extranjeros.

Olalquiaga indicó que 86% de las empresas redujo drásticamente su producción en términos de unidades físicas. Agregó que 84% de las empresas reportó una disminución en sus ventas, mientras que solo 6% las aumentó.

Una recuperación que no llega

La industria venezolana está en una situación crítica llena de incertidumbre sobre el futuro en lo político, económico e institucional. 89% de los entrevistados indicó tener grandes incertidumbres sobre cambios futuros en el entorno político, económico e institucional y 85% cree que, de continuar la tendencia negativa, su empresa podría cerrar en un periodo no mayor a dos años. De éstos, 57% estima que durará menos de un año.

95% de los encuestados señalaron que la situación económica del país está peor o mucho peor, mientras que 90% percibe que esa condición se mantendrá a lo largo de este 2019. Olalquiaga dijo que Venezuela está en una de las peores situaciones que ha visto un país en la humanidad sin haber pasado por un período de guerra o de desastre natural.

Tras más de tres años de silencio el Banco Central de Venezuela reveló que el producto interno bruto cayó 22,5 % en el tercer trimestre del 2018, encadenando 19 trimestres de retroceso de la economía venezolana, aunque algunos sectores han sido más afectados.

Es el caso del sector industrial, que para el período julio-septiembre de 2018 sumaba 21 trimestres seguidos con caída del PIB manufacturero.

En los primeros 6 meses del año la situación ha sido en extremo compleja y difícil en comparación con el ya complicado 2018, además de la contracción económica, la pérdida de poder adquisitivo, la depreciación del bolívar se suma la migración, que supone una gran pérdida de experiencia laboral, y la hiperinflación.

Todos estos factores afectan la venta de las empresas y la posibilidad de mantenerse produciendo y sin ingresos no se puede pagar la nómina, además lo trabajadores se ven afectados por los mismos problemas que afecta la delicada infraestructura del país.

La precariedad de los servicios, con los apagones que iniciaron en marzo, la carencia de agua, las fallas de internet, gas y combustible indiscutiblemente afectan al trabajador y han incrementado el ausentismo. Además, la carencia de transporte e incluso de dinero físico –billetes- hace más “rentable” permanecer en casas que asistir al puesto de trabajo.

Fuente: El Estímulo

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