La falta de insumos colapsa la producción agrícola y profundiza el desabastecimiento y la escasez de alimentos. 

La Junta Directiva de Fedeagro reunida en Acarigua con las asociaciones de la Región Occidental del país, evaluó el avance del ciclo de invierno de este año y constató el grado de atraso de las siembras, las cuales para la fecha deberían estar muy próximas a concluir.

Fedeagro produce el 80% del maíz que se consume en el país y la intención de siembra de nuestras asociaciones para este año era de 529.000 ha (entregada al Ministerio de Agricultura y Tierras en noviembre del año pasado). Para la fecha ya deberíamos haber sembrado el 80% del área que le corresponde de ese total a Barinas, Portuguesa, Cojedes, Lara y Yaracuy. Sin embargo las asociaciones de estos estados apenas han podido comprar un 30% de los insumos necesarios para cumplir con este objetivo (semillas, fertilizantes, herbicidas e insecticidas).

El año agrícola, de acuerdo a los pronósticos meteorológicos, se considera normal, sin exceso de humedad o de sequía, y así se está comportando. El régimen de lluvias avanza y se estrechan las posibilidades de ampliar la superficie de siembra y lo que podamos sembrar en junio en la región occidental será castigado en términos de productividad (menores rendimientos por hectárea).

Tal como lo hemos expresado a las autoridades del Ejecutivo Nacional e informado a los medios, el Ministerio de Agricultura y Tierras y la empresa Agropatria, comparten la responsabilidad de esta situación y sus consecuencias para el Sector Rural y para la población en general. Son más de diez y seis estados que dependen de la agricultura y de los encadenamientos articulados con esta actividad.

No entendemos como Agropatria ha repartido lo poco que ha importado preferiblemente a Programas públicos y a empresas de vieja data en la intermediación de la cosecha de los agricultores, marginando de la venta de sus insumos a las asociaciones de productores con trayectoria, organización, asesoría técnica, pulso financiero, maquinaria y equipos disponibles para atender el difícil reto de producir alimentos en el país. Tampoco hallamos explicación a los incrementos de precio de los insumos que nos venden con alzas superiores al 1.000% con respecto al año anterior.

No solo la producción de cereales está amenazada, los cañicultores atraviesan la crisis más aguda de los últimos treinta años. En esta época del año, crucial para el mejor aprovechamiento de la fertilización, no se les vende este insumo. De tres mil (3.000) gandolas de fertilizante que demandan, solo han podido comprar catorce (14). En igual situación están los caficultores, los cuales perderán el proceso de renovación de cafetales que vienen impulsando por no poder abonar sus plantaciones. Los fruticultores y dentro de ellos los citricultores, afectados por enfermedades, al no disponer de abonos desaprovechan épocas claves en la recuperación sus cultivos.

Los horticultores no son la excepción de este cuadro de abandono público, llevan más de un año sin poder comprar semillas y tampoco les venden fertilizantes y agroquímicos. Lo poco que están sembrando en la frontera lo hacen comprando insumos a dólar libre en el país vecino. Se está utilizando como semilla, producción con destino al consumo, con las consecuencias negativas en la calidad y la productividad de los cultivos.

El año agrícola está virtualmente perdido. Declaramos, como ya la FAO lo admitió, Emergencia Agroalimentaria y solicitamos se active un canal de ayuda humanitaria en la provisión de insumos para todos los agricultores del país que haga viable la recuperación de la producción nacional y contribuya a mejorar el abastecimiento de alimentos dela población. Sin insumos es imposible producir y la agricultura tiene tiempos y espacios determinados que no se pueden saltar ni alterar.

Es tiempo de retomar la senda constitucional y volcar los recursos y capacidades en la recuperación del aparato productivo e impedir se continúen deteriorando las mejoras incorporadas a la tierra y el recurso humano que vive de ella.

No es con una Constituyente como saldremos de la crisis. Se debe escuchar la voz del pueblo y no reprimirla. Los productores que escogimos la agricultura como medio de vida y llevamos años domesticando la tierra, entendiéndola y enamorándola, exigimos ser oídos y atendidos, al igual que la población volcada en la calles de toda la república en demanda de bienestar, libertad y paz.

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