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LA TRANSICIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA: CONSENSOS PARA EL DESARROLLO

30 de noviembre de 2017

Discurso de Carlos Larrazábal: presidente de Fedecámaras 

Buenos días,

En nombre de Fedecámaras, quiero agradecer por su visita a Venezuela a nuestro invitado especial, el doctor Adolfo Suárez Illana, eminente abogado español, e hijo de uno de los hombres más relevantes en la historia democrática de España, Adolfo Suárez González…Por acompañarnos en este conversatorio “LA TRANSICIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA: CONSENSOS PARA EL DESARROLLO”.

Nuestro agradecimiento a la Embajada de España, y por supuesto, a nuestros patrocinantes ya que con su apoyo y compromiso con Fedecámaras hicieron que este evento fuese posible. La presencia de todos ustedes, ciudadanos de todos los sectores de la sociedad civil que atendieron nuestra invitación demuestran el interés y compromiso en la búsqueda de una salida democrática y por lo tanto pacífica a la grave crisis que vive Venezuela.

Adolfo Suárez fue presidente de España en el periodo de 1976 a 1981. El más difícil de su era democrática. Asumió el reto de instaurar un régimen democrático en su país, después de 37 años de dictadura, con una economía autárquica, en la que los controles del Estado para lograr un autoabastecimiento generaron una situación de estancamiento y atraso, en medio de un sistema político que venía transformarse a partir de uno basado en la existencia de un partido único, en uno plural que diera cabida a las distintas corrientes de pensamiento, que pujaban por abrirse espacio en un país que despertaba a un régimen de libertades.

Como ha reflexionado el doctor Adolfo Suárez, lo primero que hizo su padre, fue convocar a las diversas fuerzas políticas a un encuentro en el Palacio de la Moncloa, con el fin de definir las reformas necesarias para la adaptación del ordenamiento jurídico a la nueva realidad democrática que se deseaba promover, y de esa manera poder dirigir la economía y la sociedad hacia un futuro de libertades y desarrollo. En concreto, establecer una serie de medidas dirigidas a afrontar las causas y resolver los graves problemas económicos que vivía el país a partir de una apertura política que incluyera a todos los sectores de la sociedad creando una visión compartida de país.

Para ello fue menester alcanzar los consensos necesarios para implementar las acciones requeridas. Fue así como nacieron los Pactos de la Moncloa: el Acuerdo sobre el programa de saneamiento y reforma de la economía y Acuerdo sobre el programa de actuación jurídica y política. Ambos fueron la base para el afianzamiento del sistema democrático español, para definir las estrategias a seguir y poder transitar desde la realidad económica, social y política que habían dejado 37 años de dictadura y hacia una economía moderna en democracia lograr.

La transición democrática española es considerada el modelo por excelencia de las transiciones políticas.

Es indudable la posición de Fedecámaras sobre que es la vía democrática, y no otra, la única forma de lograr un cambio en el modelo político y económico que tiene a Venezuela sumida en la peor crisis en la historia contemporánea del hemisferio occidental.

Por ello en Fedecámaras consideramos vital tener un conociemiento en detalle sobre cómo se desarrolló el gran consenso que permitió alcanzar el acuerdo para la firma de los Pactos de la Moncloa. La experiencia española, al igual que la revisada el año pasado en nuestra asamblea anual con el caso del Perú, en el que evaluamos cómo una economía hiperinflacionaria, con precios que crecían al espeluznante ritmo de 7.000%, luego de los consensos sociales necesarios pudo alcanzar los cambios políticos y económicos, para reducirla a 60% en noventa días y a 6% en un año. Ambos casos, el de España y el del Perú constituyen una gran referencia y un modelo de aprendizaje para los ciudadanos venezolanos que aspiramos un cambio en todos los órdenes en Venezuela.

Estamos convencidos de que las salidas políticas que se logren por la vía del diálogo y los consensos, y no por la violencia, son las que más benefician al país tanto en el corto como en el largo plazo. La historia ha demostrado que cuando priva el camino de la violencia, al final se llega a soluciones acordadas por la fuerza, pero con altísimos costos que la sociedad debe pagar, especialmente los sectores más vulnerables.

Como en la España de 1977, en Venezuela, salvando las diferencias existentes, padecemos hoy una profunda crisis económica, política, social y de valores que demanda urgentes acciones correctivas y un cambio de rumbo profundo que nos oriente hacia un país de progreso y bienestar donde exista una democracia plena.

Todos los factores de la sociedad debemos enfocarnos en su rescate y trabajar juntos por una Venezuela pujante, por una Venezuela de avanzada.

Como sociedad tenemos un gran desafío por delante: lograr los consensos necesarios alrededor de una visión de país, que nos permita establecer las estrategias para lograr cambiar el modelo político y económico que nos ha traído hasta las graves condiciones en las que hoy sobrevivimos, y transformar el contexto país en uno de paz y en democracia. Queremos que los venezolanos se puedan auto identificar en una visión compartida en la que todos tengamos las oportunidades para lograr la prosperidad y cada ciudadano pueda desarrollar sus talentos y capacidades sobre la base de su esfuerzo y su trabajo en el goce pleno de todas las libertades que contempla la Constitución.  

Sabemos que no será fácil, pero estamos convencidos de que SÍ es posible. Tenemos la obligación histórica de superar los obstáculos, las dificultades, de promover la tolerancia, de dejar atrás la polarización de nuestra sociedad, de lograr el entendimiento, y sentar las bases para un verdadero diálogo… No de un monólogo, como el que hemos visto hasta ahora. El país así lo exige y el mundo lo reclama.

Debemos alcanzar consensos, por un Estado plural; en los que todos los actores de nuestra sociedad: ciudadanos, trabajadores, empresarios, académicos, la iglesia, los partidos políticos y el gobierno, en fin, todas las fuerzas vivas   que integramos la sociedad civil asumamos las actitudes o posiciones que nos toca asumir para llegar a esos consensos. Es la única forma, dentro del estado de derecho, para el logro de la meta que tenemos por delante: la reconstrucción de Venezuela. Debemos dejar de lado los intereses individuales y las pretensiones autoritarias y excluyentes en beneficio de todos los ciudadanos venezolanos.

En España se logró establecer un proceso de transición con todas las fuerzas políticas del país: con líderes de la derecha, de la izquierda; con la Iglesia, los militares. Juntos, sobre la base de alianzas y a pesar de sus diferencias ideológicas y dogmáticas dejaron atrás la dictadura franquista. Lograron avanzar hacia una verdadera democracia que es hoy ejemplo a seguir por países en vías de desarrollo.  

Fue con la participación de todas las corrientes políticas que se pudo superar la división de España y se transitó el camino hacia la reconciliación y la democracia. Y en eso creemos en Fedecámaras.

Debemos recuperar la confianza en las instituciones del Estado, en los líderes de las fuerzas vivas, en nosotros mismos, esa confianza necesaria para que todos sintamos que tenemos la misma responsabilidad en ese proceso imprescindible para lograr que alcancemos, a la vuelta de unos pocos años, un nivel de vida comparable al de aquellos países que hoy figuran como los más prósperos del planeta.

En Fedecámaras creemos en el consenso. Por eso siempre hemos exhortado a restaurar el diálogo social perdido, en el marco de lo estipulado por la Organización Internacional del Trabajo: un diálogo entre Estado, trabajadores, empleadores y sociedad civil.

Experiencias internacionales de transiciones económicas y políticas, y en particular el caso de España, nos demuestran que el consenso es el modo para reconstruir el marco democrático y promover así el progreso y bienestar. El diálogo respetuoso nos permitirá, a partir del reconocimiento del otro, llegar a los puntos de encuentro necesarios y superar las diferencias.

El reto es lograr acuerdos que se traduzcan en acciones.

El reto es retornar a la institucionalidad democrática y suprimir el totalitarismo. El reto es que prive la paz ante el conflicto. El reto es superarnos como país.

Somos un engranaje de actores, y el trabajo mancomunado, cada cual, en su área de acción, será la garantía para alcanzar el progreso social y económico.

Estamos convencidos de que somos capaces de actuar con una estrategia común: trabajar unidos para construir la Venezuela que deseamos para nosotros y nuestras futuras generaciones.

Nuestra voluntad de hacer de Venezuela un país próspero es de una fortaleza inquebrantable ante los problemas que nos agobian. Así lo demuestra nuestra accionar pro activo a pesar de los inconvenientes que enfrentamos.

Hay que repetirlo una y otra vez, solo una política de concertación y consenso, garantizará una sólida institucionalidad democrática.

Como empresarios reiteramos nuestra disposición y compromiso de seguir trabajando en pro del desarrollo de la nación.

Insistimos en que somos parte de la solución, no del problema. Nuestro compromiso es con Venezuela y con el bienestar de los venezolanos. No hay nada que beneficie más a la sociedad que una economía sana en la cual todos tengan niveles de consumo que satisfagan sus necesidades y sus deseos.

Proponemos una senda de desarrollo basada en el diálogo y el reconocimiento de cada actor social. Queremos ser parte de una sólida y verdadera alianza nacional entre todos los sectores, que nos lleve a vivir en una sociedad solidaria, plural y con relaciones de confianza, basadas en principios, valores y convicciones muy firmes.

Diversas son las lecciones históricas que dan cuenta de los cambios políticos gracias a diálogos de paz: España, Alemania, Sudáfrica, Chile, Perú, El Salvador, Colombia. Incluso, Venezuela ha logrado en el pasado superar conflictos políticos a través del consenso.

El periodo más largo de crecimiento económico y social de Venezuela, se logró después de los acuerdos alcanzados al terminar la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Hasta el año 1975, fuimos el país con mayor crecimiento y con la menor inflación del mundo.  Logros obtenidos por el consenso de todos los actores de la sociedad, en los que la inversión privada fue fundamental para dicho crecimiento, que no estaba basado en el rentismo petrolero.

Ahora tenemos el gran reto como líderes de esta sociedad: construir un nuevo modelo político y económico basado en la libre iniciativa individual, en el que se respete la independencia de los Poderes Públicos, con el que cada ciudadano, con su esfuerzo y

trabajo pueda superarse; que ofrezca igualdad de oportunidades, que promueva una economía en la que el capital pueda generar de forma productiva y competitiva oportunidades de desarrollo para el bienestar social, no dependiente del Estado. Requerimos un Estado promotor, no intervencionista.

Como venezolanos, como empresarios, como gremio empresarial, no tenemos duda de la ineludible responsabilidad que tenemos. Ratificamos nuestro compromiso con nuestro país, con la defensa de nuestros derechos fundamentales, con el estado de derecho y con la institucionalidad democrática de Venezuela. El desarrollo económico requiere un clima adecuado de libertad y seguridad.

En España no tenemos solo un ejemplo a seguir en términos de reconciliación, reconocimiento del otro y respeto por las posiciones de los demás. Tenemos un aliado del que tenemos mucho que aprender de las relaciones empresariado-Estado. Tenemos un aliado en el desarrollo y adaptación de tecnologías que promuevan nuestro crecimiento industrial y nuestra productividad.

Recordemos las palabras en el epitafio bajo el que reposan los restos del presidente Adolfo Suárez en el claustro de la Catedral de Ávila: “La Concordia fue posible”.

Trabajemos todos juntos para que en Venezuela la concordia también sea posible.

Muchas gracias.

Escuche el discurso completo a continuación: 

 

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