La Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios, Fedeagro, se dirige al país con la finalidad de destacar la importancia de emprender un conjunto de acciones en el corto plazo, dirigidas a contrarrestar la caída sostenida de la producción agrícola e impulsar su crecimiento.

Nota de prensa

La situación alimentaria de la población venezolana es crítica, los indicadores de salud así lo demuestran, especialmente aquellos relacionados con aspectos nutricionales y los referidos a la población de alto riesgo: ancianos, niños, neonatos, mujeres embarazadas y enfermos. Adicionalmente, los niveles de inflación y desabastecimiento de alimentos son alarmantes.

Hasta el año 2014 el país dispuso de ingresos petroleros para paliar la crisis agroalimentaria recurriendo al expediente de las importaciones. En efecto, de 1.761 millones de dólares destinados a las importaciones de materia prima agrícola y alimentos en 1998, pasamos a 10.125 millones de dólares en 2014 (último año reportado por el INE), un crecimiento del 474%; en tanto que el valor de la producción agrícola, según datos del MAT en el mismo lapso, creció apenas un 7%.

La evolución de la economía mundial dio al traste con la política de abastecimiento basada en las importaciones y en 2015 se manifestó con toda certeza la crisis anunciada. Ya para ese año el Ejecutivo no dispuso de dólares para importar en la misma magnitud de años anteriores, reduciendo de manera significativa el acceso a la divisa para estos fines; pero también para las necesidades del aparato productivo interno que vio restringida las posibilidades de importar fertilizantes, semillas, herbicidas, insecticidas, fungicidas, maquinarias, equipos, implementos, repuestos, cauchos, baterías y otros insumos que no se producen en el país.

Insistimos en la necesidad de enfrentar el problema central del Sistema Agroalimentario venezolano, la caída sostenida de la producción, atacando las raíces del problema y sus causas. Aquí distinguimos entre dos tipos de acciones: las de tipo coyuntural y las estructurales.

Acciones para el corto plazo

La magnitud de la crisis nos obliga a plantearnos un conjunto de acciones orientadas a producir alimentos con origen en cultivos y actividades pecuarias, de pesca y acuicultura de corto plazo. La idea es no perder el próximo ciclo de producción y ofrecer una repuesta lo más cercana posible a una población necesitada, sin abandonar medidas orientadas a corregir aspectos estructurales ubicados en la génesis del problema y a rubros de mediano y largo plazo.

Es por eso que desde Fedeagro proponemos un plan de acciones inmediatas para enfrentar la crisis que involucra a diez rubros de ciclo corto, cuya rápida respuesta permitirá aumentar la oferta de alimentos y la disponibilidad de nutrientes esenciales para la población.

Es posible extender la siembra de maíz hasta finales de este mes de agosto y ampliar la superficie sembrada de este cultivo que, por diversas razones, no se cumplió en el ciclo normal del invierno de este año.

Es importante acotar que las siembras tardías de invierno significarán una reducción importante en la productividad física de los cultivos (menos rendimiento por hectárea); no obstante, y de adelantarse esta iniciativa, podríamos sembrar 50.000 ha de maíz durante este mes, para lo cual se requiere:

-El tipo de maíz para la ampliación debe ser amarillo, dadas las restricciones de comercialización del maíz blanco

-Se requieren 65.000 sacos de de semilla de maíz amarillo y 50.000 sacos de semilla de sorgo.

-Es imprescindible disponer de todos los insumos para esta siembra: fertilizantes, herbicidas e insecticidas, y garantizar que prevalezca su precio de venta actual.

-Se debe incentivar la siembra con la liberación del precio del maíz amarillo y del sorgo a nivel del productor.

Tenemos la obligación y la necesidad de armonizar esfuerzos públicos y privados para cultivar, en el ciclo norte-verano 2016-2017, un mínimo de 380.000 ha, discriminadas de la manera siguiente:

– 100.000 ha de hortalizas raíces y frutales de ciclo corto
– 20.000 ha de papa
– 100.000 ha de arroz
– 40.000 ha de leguminosas (caraota, frijol)
– 40.000 ha de ajonjolí
– 50.000 ha de girasol
– 30.OOO ha de soya
– 50.000 ha de sorgo

En el caso del arroz, seguiremos sembrando en este ciclo de invierno hasta el 30 de agosto. De igual forma es factible sembrar para el próximo ciclo norte – verano (2016-2017) a iniciar en octubre, una superficie alrededor de 100.000 ha.

El ajonjolí no es un rubro cuya producción se orienta al mercado interno, pero junto al cacao son de las pocas opciones que nos permiten generar divisas. La soya es un renglón de desarrollo reciente con un alta potencialidad que debe aprovecharse el ciclo norte verano para su expansión futura.

Se requiere igualmente, para viabilizar estas metas, garantizar la semilla, los fertilizantes, y los agroquímicos necesarios y disponer de ellos oportunamente. En el orden financiero abogamos por que la cartera agrícola cubra la demanda crediticia para alcanzar las metas de siembra.

Dada la dramática caída de la producción de café, la importancia de este rubro para más de 50.000 familias asociadas a su cultivo y su rol en la protección de cuencas hidrográficas, estimamos urgente y necesario acometer un programa fitosanitario y otro de renovación de plantaciones a nivel nacional. El primer año debemos renovar 15.000 ha y tratar con pesticidas de nueva generación para el combate de la roya otras 50.000 ha.

En caña de azúcar planteamos garantizar la renovación de la maquinaria y el transporte para la cosecha. La precaria situación de estos bienes es en gran parte responsable por el millón de toneladas que se quedaron en campo la zafra pasada. Es importante definir los precios del azúcar y poner operativos los centrales públicos para la zafra que se inicia en octubre de este año.

Las acciones aquí referidas son requerimientos mínimos que nos permitirán atender el cortísimo plazo. Es importante actuar sin delaciones sobre los factores de tipo estructural responsables de la caída de la producción, entre los cuales destacamos: la inseguridad jurídica (propiedad) y personal (delincuencia), la competencia de las importaciones de alimentos, la obsolescencia de la maquinaria, implementos y equipos, la escasa inversión pública en infraestructura productiva, la brecha entre la oferta y la demanda de tecnología y el desabastecimiento de agroinsumos.

Fedeagro ha presentado a varios niveles un plan para alcanzar el autoabastecimiento y generar una oferta exportable en ocho rubros de alta sensibilidad. La idea es darle una vuelta a la tortilla y generar las condiciones necesarias para crecer, ahorrarle divisas al país, generar crecimiento interno y disminuir la pobreza que se ha instaurado en el país.

Los agricultores del todo el país estamos identificados con el color de la tierra, en ella hemos invertido esfuerzos y recursos por generaciones, solo demandamos tener acceso a los insumos necesarios y políticas públicas que apoyen este esfuerzo, permitiendo que los alimentos con origen en nuestras fincas sean accesibles, en las mejores condiciones, a la población venezolana.

Fuente: La Patilla

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