La realidad ganadera debería alarmar al país, en especial por tratarse de un sistema multifactorial contraído. Si el sector agrícola no produce maíz y soya, el ganadero no contará con alimento concentrado para alimentar a sus animales, en especial cerdos y aves. Sino hay semilla para pasto, las reses son tratadas con restricciones.

La situación es cada vez más limitada y mientras continúe el retroceso, será más complejo recuperar al sector.

Al respecto, Carlos Odoardo Álvarez, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga), aseguró que la contracción del sector alimentario, será en lo sucesivo “muchísimo peor al año anterior”.

De 14.300.000 reses de rebaño nacional con los que contaba el país, sólo se registran 9.800.000. En 2016 hubo una pequeña mejora, por la temporada de invierno. No obstante, se requieren condiciones mínimas en infraestructura, rentabilidad y equipamientos.

De 9 millones de hectáreas de pasto cultivado, mantienen en la actualidad 3.300.000 hectáreas. Al haber menos pasto, habrá menos condición corporal, por tanto, menos kilogramos de carne y litros de leche convertidos. Los precios se presionarán aún más por efecto de oferta y la demanda.

La importación de carnes en 2016 no superó el 5%, por lo que la carne consumida en el país fue de producción nacional. No obstante, ha sido tan grande la caída del consumo, que se logra abastecer el mercado con 31% de la producción según capacidad.

De 22 kilogramos per capita/año que se consumían en 1982, la proporción se redujo a sólo 7 kilogramos. Para la fecha se producían 384.000 toneladas de carne, pero en 2016 sólo se contabilizan 189.000 toneladas.

José Antonio Carrasquero, presidente de Asociación Nacional de Criadores de Ganado Cebú (Asocebú), reconoció que la situación productiva del campo se hace cada vez más compleja. “No es que seamos masoquistas, pero seguimos trabajando para que esto mejore”.

Aseguró que si el Gobierno Nacional toma en cuenta y adopta las recomendaciones de quienes conocen la faena, cambiaría el rumbo económico del país. Es cierto que la mejora no será inmediata, pero se iniciará el camino.

El sector productivo ha solicitado se importen los insumos básicos de producción, además de equipos y medicinas para el rebaño nacional, estas últimas muy limitadas.

Considera que “existe un empeño por parte del Gobierno de acentuar las necesidades, para seguir importando alimentos… Vieron la escasez como un negocio”.

Por falta de gasoil, múltiples fincas se paralizan varias veces al mes. “En las estaciones de servicio de las zonas rurales, nos dicen que no nos pueden despachar porque nos vendieron el mes pasado… Trabajamos con limitaciones”.

El gremio actualmente recupera el rebaño nacional, deteriorado entre el 2000 y 2010 con la práctica de las “intervenciones” a fincas y tierras productivas, fuera de todo proceso judicial.

Algunos productores debieron sacrificar a sus animales para desalojar los terrenos, mientras otras unidades de producción fueron saqueadas.

Barata pero inaccesible

Albornoz apuntó que si bien el precio actual es difícil de asumir para el consumidor, no es rentable para el productor. Resultan del proceso inflacionario que “a todas luces supera el 400%”.

En tal sentido, apuntó que no habrá salario que pueda compensar el espiral inflacionario que afecta a productor y consumidor.

La carne en Venezuela es la más barata en Suramérica, con base en el dólar libre, mientras que Colombia, segundo precio más bajo, muestra valores cercanos al doble de lo comerciado acá.

Venezuela tiene la carne más barata del continente y a duras penas el ciudadano la puede comprar.

El Impulso

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