El Gobierno ha mostrado su faz más temible con la aplicación de las últimas medidas económicas. En lugar de concertar con los sectores productivos ha emprendido una campaña de intimidación, a través de la cual pretende doblegar al deprimido sector empresarial que aún subsiste en la nación.
Lo sostiene Alberto Gámez, presidente regional de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), quien señala que estos embates permanentes lo único que han logrado es que las pocas personas que aún se atreven a seguir produciendo en el país sean cada vez menos.
Mientras la capacidad de soportar las condiciones se extingue, explica Gámez, el Gobierno sigue emitiendo las mismas señales contradictorias, fundamentadas en un discurso acusatorio que culmina con una tesis descabellada, pero que no ha logrado calar en el pueblo: una confabulación interempresarial que denominó “guerra económica”.
Gámez, quien también es miembro de la directiva nacional de Fedecámaras, califica como “innecesarios” estos “castigos” que el Estado venezolano ha promovido. Insiste en que la militarización del país y, en especial, de la economía, sólo genera desconfianza que, a su juicio, es el principal alimento de los problemas estructurales que provocan la crisis económica que arropa al país.
¿Por qué considera que el Gobierno intimida a los empresarios?
Hay una intimidación permanente cuando las medidas que toman para aparentemente reponer la economía se basan en la militarización de las industrias, de las empresas y de todo el país en general.
¿Hay acoso militar en las empresas?
No diría acoso, sino más bien una intimidación permanente, por la sola presencia que hacen todo el tiempo y que, actualmente, se ha incrementado.
¿Cómo trabaja un empresario con militares afuera?
No es tanto el propio empresario, sino la clientela y el resto de empresas, industrias, comercios y demás con las que existe una relación. Porque al llegar a la sede de una empresa y ver militares eso puede generar suspicacias, temores.
¿Qué relación debe tener el sector privado con esta nueva misión dominada por los militares?
Honestamente no lo sé, porque comenzó mal.
¿Por qué cree que comenzó mal?
Porque lo primero que debió haber hecho el Gobierno era reunirse con el sector privado, en lugar de ejecutar, una vez más, medidas unilaterales. Pero no se han querido reunir porque no han tenido voluntad.
¿Están tan malas las empresas y las industrias?
Por supuesto. A veces nos llaman alarmistas, y en el pronóstico que dimos el año pasado sobre los cierres empresariales que se iban a dar este año nos quedamos cortos.
¿Cuántas empresas han cerrado?
Solamente en el primer semestre de 2016, en el estado Lara han cerrado más de 300 Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes), un número que es extremadamente alarmante. Nosotros, cuando declaramos sobre este problema, habíamos proyectado el cierre de unas 150. Además, aquí no estoy contando todas las que están abiertas, pero en un paro técnico.
¿Y han cerrado grandes industrias?
Afortunadamente no ha cerrado ninguna por el momento, pero tenemos dos que están completamente paralizadas. Sin embargo, el cierre de las pequeñas y medianas las ha afectado mucho, porque hay una relación estrecha de negocios entre ambos, porque las pymes surten a las grandes industrias.
Y qué propuestas concretas tienen para resolver la situación?
La que hemos sostenido: que nos dejen trabajar. Que nos den acceso a las divisas preferenciales.
¿Pero no hay una escasez enorme de divisas en el país?
Para resolver eso hay que generar confianza en el país. Hace poco el ministro Pérez Abad dijo que rompiéramos el cochinito de manera despectiva. Le respondemos que ya lo hemos roto todos, y no sólo eso, sino que estamos comprando a dólar libre, porque de lo contrario ya habríamos cerrado.
¿Van a tener que empeñar al país en el Fondo Monetario Internacional (FMI)?
Yo, en lo personal, no comulgo mucho con el Fondo Monetario Internacional, pero necesariamente tendremos que recurrir a ellos para solicitar el financiamiento que requerimos. Porque, lamentablemente, quieran o no, es el único ente capaz de brindarnos los recursos suficientes para comenzar a salir adelante.
¿No se hace a costa del bienestar social del pueblo?
No necesariamente. Porque al ingresar divisas al país proliferan los negocios y se generan empleos estables, se reactiva el aparato productivo, y comienzan a aparecer productos en los anaqueles.
¿Hay capacidad productiva en Venezuela?
Con el pasar del tiempo hemos decaído mucho. Estamos produciendo apenas el 20% de nuestra capacidad instalada. Nuestra maquinaria está obsoleta, completamente desfasada. La estamos canibalizando, que es usar los repuestos de una máquina para que otra sirva. Además, tenemos un problema en materia laboral muy fuerte que no se ha logrado solventar.
¿Cómo es ese problema laboral que padecen los empresarios?
Por la situación económica, se ha incrementado el ausentismo laboral, y los trabajadores no concurren a cumplir su horario laboral establecido.
¿Por qué incumple el trabajador con los horarios?
Porque le sale más rentable salir a la calle a buscar comida. Se alimenta el bachaqueo. Nosotros, a nuestros trabajadores, les hemos dado un día remunerado al mes que coincide con la venta de productos regulados por su terminal de cédula para que puedan faltar al trabajo e ir a realizar sus compras.
¿Cómo ve que el Gobierno los estigmatice diciendo que ustedes son los culpables de la “guerra económica”?
La tesis de la guerra económica está desgastada. Es un problema que vivimos todos, incluyendo a los empresarios. Una persona que es dueña de una empresa sigue haciendo colas para comprar productos, medicinas o pan. Es lo mismo, nadie quiere vivir en esta situación y mucho menos propiciarla.
¿De qué manera vislumbra los próximos meses?
Los días que vienen son cada vez más duros. Como ya hemos dicho en varias oportunidades, cada día los empresarios salimos a ver cómo podemos sobrevivir, de qué manera podemos mantener a flote nuestras empresas y por supuesto a los trabajadores que dependen de ellas.
¿Cree que pueda mejorar la situación en un futuro cercano?
Soy optimista. Hay mucha gente que desea venir a Venezuela, invertir, inyectar recursos. Espero que eso ocurra pronto.
Temen pérdida de la fuerza laboral privada
La resolución 9855, emitida por el Gobierno nacional, que obliga a trabajadores del sector público o privado a trabajar en los campos, en caso de que el Estado lo requiera, es una situación que alarma al empresariado. Gámez advierte que es posible, incluso, que esta medida no sólo se circunscriba para la producción agrícola, sino que pueda ser extendida para llevarse trabajadores a las empresas expropiadas, con el propósito de reactivarlas.
¿Qué opina del nuevo decreto que permite al Gobierno sacar a trabajadores públicos y privados para llevarlos al campo?
-Es un exabrupto desde todo punto de vista. Pareciera que aplican las tesis del comunismo puro, que obliga a la gente a ir a sembrar y a producir en los campos, cuando el Gobierno lo desea.
¿Considera que no es bueno que la gente se vaya a sembrar al campo?
-Claro que es muy bueno, pero no pueden obligar a nadie. Que pasen unos funcionarios del Gobierno por cualquier calle, de cualquier pueblo, entren a una empresa y dispongan arbitrariamente de quién se queda y quién se va. Eso es absurdo.
Además, las empresas tienen que seguir pagando. ¿Cómo lidiarían con este tipo de aumento en los costos?
-No podríamos sostenerlos. Sencillamente por el hecho de que, sólo como estamos actualmente, nos encontramos en una situación de supervivencia. No tenemos capacidad para responder.
¿Pero cree que la medida se concrete?
-Estamos alarmados. Es probable que no sólo quieran aplicarlo con el campo, sino también con el resto de empresas que fueron expropiadas y están ahora en manos del Estado.
¿A qué se refiere?
-A que es probable que el Gobierno quiera llevarse trabajadores para las empresas estatales. Tememos que vengan a quitarnos la fuerza de trabajo. En especial a los del sector productor de alimentos.
¿Es legítimo?
-No lo es. Sería una acción en detrimento del sector privado. Y lo hacen precisamente porque no creen en la producción privada.

Fuente: La Prensa de Lara

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